jueves, 10 de abril de 2014

La primera incursión: prostitución

La impresión que tenía antes de comenzar.

En principio, he sido espectadora de lo que sucede allí, en sentido que cuando voy en el transmilenio he visto a las mujeres como se exhiben y también inclusive vi alguna vez una pelea entre ellas en una de esas cuadras de la 22. Es probable, que por nuestra cultura nos llevemos la primera impresión de estas mujeres, teniendo una impresión negativa porque para nosotros es algo que no esta bien visto, que posiblemente sea un oficio que quite dignidad, pero eso si, mueve dinero. Lastimosamente estamos en una sociedad donde el sexo y la parte carnal del ser humano prima y por ello, este negocio se mueve.

Abril 8 de 2014
Hoy fue la primera conversación con un contacto de Isabella, una de mis compañeras del proyecto. El ha sido testigo de un prostíbulo en el norte de la ciudad, dónde su hermano es uno de los socios. Nos cuenta cómo se mueve el negocio, ya que es un ligar dónde las mujeres vienen y van y no tienen una responsabilidad con el lugar ni un horario predeterminado, simplemente van a trabajar cuando lo necesitan.
Son mujeres que a su vez están muy bien arregladas y dónde no solo buscan que exista química de manera física sino también de manera mental, es decir, primero entablan una conversación ellos dos y luego suben a la habitación. En este lugar hay alrededor de 15 habitaciones y el monto es alrededor de $150.000 por el uso de la habitación y poder utilizarla durante 30 minutos. Cada una de ellas pone "su cuota" y pueden ir por cifras hasta los $800.000.
Digamos que en principio la metodología de cómo se mueve este negocio me parece interesante, ya que no es el físico lo que mueve totalmente, sino que los participantes también se prestan a una conversación que trasciende más que el mismo servicio. Algo que nos dijo el, fue que a pesar de todo, tenemos que verlas como SERES HUMANOS, que no se nos olvide ello cuando hablemos con ellas, que seamos más humanistas y que tengamos tacto con ellas. Fue lo que realmente me impacto totalmente de la experiencia.

Abril 9 de 2014

Hoy es la primera vez que visito el barrio santafé en Bogotá, dónde realmente camino sus calles y veo de cerca toda la dinámica que ocurre allí. Recorrimos detrás de la piscina, uno de los lugares más famosos de este sector dónde se mueve el negocio. Veo muchas luces de discoteca, muchas mujeres para todos los gustos, gordas, flacas, con implantes, en falda, pantalón, en fin; hay para todos los gustos. También hay muchos lugares con nombres bastante particulares como troya, venus, fiebre, las paisas, entre otros. Estando allí, decidimos entrar a uno de estos lugares a observar que es lo que realmente pasa. 
Me piden cédula y se quedan mirando mucho si realmente soy yo y luego entramos. Lo primero que vemos es una gran tarima parecida a la de una pasarela con 2 tubos de pole dance a extremo y extremo de esta gran tarima. Hay dos mujeres haciendo bailes eróticos y bailan desde pitbull hasta Adele. Van vestidas con trajes de baño, de colegialas o con brillantes en su ropa interior. Pasan normalmente de a dos mujeres y suben al tubo, bajan, dan vueltas, se mueven y reciben trago o agua de los clientes que le ofrecen. Claramente el público que va allí en mayoría por no decir todos son hombres, de todos los lados, desde un ejecutivo muy bien vestido y encorbatado hasta un obrero. Todos están centrados en el show, en ver cómo quedan estas mujeres desnudas. 
Digamos que una de las cosas que me impresiono fue como hay una seguridad corporal por parte de ellas. La pena se va, lo que es privado para ellas, se vuelve público para todos nosotros y también como venden. El show dura alrededor de tres canciones y después de terminar totalmente desnudas, suben otras mujeres a seguir animando al público. Mientras todo ello ocurre, sus compañeras dan vueltas por el lugar buscando trabajo. Dan bailes a las mesas aledañas hasta quedar totalmente desnudas o prestan su servicios en el piso de arriba. En esta pasarela se ve todo tipo de mujeres al igual que afuera, para todos los gustos, de todas las formas, de todas las maneras vestidas, entre otros. 
Hoy era un miércoles dónde estaba realmente LLENO y dónde se estaba rifando un polvo con la mujer que el ganador quisiera. La única condición sería comprar una boleta para ser el ganador de la promoción que ofrecía el lugar. También fue raro cómo nos veían los hombres a nosotras, ya que íbamos totalmente tapadas y se les hacía raro ver mujeres como nosotras en el lugar, y digamos que el morbo no era para nosotras sino para las mujeres que trabajan allí. En un momento pensé en ir al baño y al ver que dos mujeres entraron con un hombre y se encerraron, creo que se me pasaron las ganas de ir al baño. Fue una experiencia a la que realmente iba con un poco de susto, pero termino siendo curiosa para mí.
Luego de visitar este lugar, pudimos generar un contacto con una prostituta. Ella vive al lado del castillo, dónde hay una puerta grande metálica gris y al subir parecen pequeños apartamentos, muy bien amoblados, en verdad muy decentes y digamos que mi imaginario era que ellas vivían mal, tipo una pensión pero todo lo contrario. Su nombre es Camila, y ella vive en el segundo piso de estas residencias al fondo del pasillo, dónde el olor a marihuana fue lo que nos trajo allá.
Su cuarto es un cuarto hasta bonito, tiene paredes blancas con un pequeño televisor plasma colgado dónde pasan una novela, un closet, una gran ventana con cosas de niña y de mujer, su cama con cubrelecho de cebra y su mesita de noche. Al lado tiene su baño y es un lugar bastante cómodo. Comenzamos a hablar con ella, y es una mujer que tiene mi misma edad (21) y le ha tocado un poco más duro que nosotros. Nos recibe con mucha amabilidad, como si nos conociéramos de hace mucho tiempo y nos pide que sigamos y nos sentamos todos en su cama. Ella, sin soltar su cigarrillo, comienza a contarnos su historia de vida; dónde nos cuenta que ella vivía en la comuna 6 de Medellín, dónde la violencia y el ambiente pesado era el día a día. Ella en su adolecencia, conoció a un ex novio y el padre de sus dos hijas mellizas de 4 años, el hombre que en su momento comenzó a pagarle su universidad en Medellín. 
Al terminar la relación y comenzar a intentar hacer ingresos de otra manera, vendiendo sandwiches en su salón, entre otros conoce a una de sus compañeras, que "vive con mucho dinero". Ella le cuenta de dónde saca realmente el dinero y Camila al principio con mucho susto dice que no, pero después se arriesga y pide lo del pasaje en flota prestado para venirse a la capital.
Ahí conoce lo que es ganar dinero, pero al precio de vender su dignidad. Ella admite que es una desventaja de su trabajo, pero también es realista, ya que como ella dice "mis hijas lastimosamente no viven del amor, del amor nadie come, nadie va a estudiar" y es verdad. Estamos en un mundo dónde todo tiene un precio y su precio para comprarle una casa a su mamá, sacarla de la comuna 6 y darle una mejor calidad de vida a ella y a sus hijas es su real motivación. Ella dice que también se vino a Bogotá a trabajar, ya que no quisiera que alguna persona de la universidad la viera en esas o alguno de sus familiares. La única que sabe a lo que realmente se dedica es su mamá. 
Ella viene por temporadas a Bogotá, dónde puede estar un mes o cinco meses, hace plata y se devuleve a Medellín. La prostitución ha sido un vicio para ella, porque le ha dado lo impensable para ella en su momento y posición económica. Antes, ella esperaba que fuera navidad para recibir unos zapatos, pero no eran los converse sino unos croydon dónde se los daban con mucho esfuerzo. Ahora ella puede darse el lujo de comprarse unos zapatos de $500.000 y no le duele y no tiene que esperar hasta final de año. Camila dice que la prostitución la ha llevado a conocer lugares que ella nunca se hubiera imaginado, y a dónde llega encuentra trabajo. Ella se convirtió en el pilar económico de su hogar, dónde no solo mantiene a su mamá y a sus hijas sino a otros familiares más. Es probable que sospechen, pero como ella dice, ella les da todo lo que ellos pidan. 
Su rutina básicamente comienza por la mañana dónde va a casas en el norte de Bogotá a trabajar y más por la noche está en el barrio Santafé. Luego puede irse a dormir o a trabajar nuevamente en el norte de Bogotá. En este momento ella esta en Bogotá recogiendo plata y como perdió unas materias en su universidad, aprovecho este semestre para venirse. Ha pensado en dejar la prostitución cuando cumpla su objetivo de graduarse y de comprar su jardín, ya que ella dice que no le gusta trabajarle a nadie. Es una conversación amena, dónde hay todo tipo de emociones. Ella se pone melancólica y se le aguan un poco los ojos cuando habla de su familia, pero también sonríe cuando recuerda todos los beneficios y el cómo la prostitución le ha cambiado la vida. Se convierte en su salida de la pobreza y también comienza a ser su nuevo estilo de vida.
Nos despedimos de ella, con mucho afecto, agradeciéndole su tiempo y por habernos contado su vida tan tranquilamente y habernos recibido en su cuarto. Ella nos dice que le alegramos su día, que gracias por haberla escuchado y que le caímos muy bien. Le pedimos su celular y salimos de allí. Son muchas cosas que a uno lo hacen pensar sobre su situación, el cómo ha sido una mujer que ha tenido toda la fortaleza para vender su dignidad por una mejora en la calidad de vida de su familia y de ella, el cómo el dinero lastimosamente prima y es verdad de amor no se vive aún. Es la cruda realidad, dónde Camila vió el cómo su realidad cambiaba totalmente por solo tener dinero. Es una mujer que tiene mi misma edad y tenemos vidas totalmente diferentes, tenemos opciones y planes diferentes, pero lo que más me asombra de ella es que realmente es una mujer echada para adelante, que no se ha dejado vencer por los obstáculos de la vida, que tiene ganas de dejarles un futuro prometedor a su familia y a sus hijas y que siempre está pensando en ellos, inclusive más que en ella misma. Prometimos seguirla visitando y hablar con ella, así que apenas este es el comienzo de la historia de una guerrera, de Camila. 

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